Glenda
Glenda es una de las mujeres valientes que forman parte de Hecho con las Manos. Vive en un pequeño caserío llamado Mediterráneo, en el departamento de Escuintla. Su historia está marcada por el dolor y la lucha, pero también por una profunda esperanza que la mantiene de pie.
Glenda es madre de tres hijos, pero dos de ellos se fueron demasiado pronto, víctimas de enfermedades que no pudieron superar. Sólo uno de sus hijos sigue a su lado, llenando su vida de motivos para seguir adelante. Para ella, trabajar en Hecho con las Manos no es solo una fuente de ingresos; es una manera de soñar con un futuro mejor, un futuro en el que sus esfuerzos se traduzcan en una vida más digna.
El camino de Glenda nunca ha sido fácil. Desde niña, caminaba 12 kilómetros para llegar a la escuela. Enfrentó abusos y, en muchas ocasiones, no tenía ni un plato de comida en la mesa. A pesar de esas cicatrices, nunca dejó de luchar.
Hoy, además de su trabajo en Hecho con las Manos, Glenda trabaja limpiando en la municipalidad de Masagua, donde gana apenas 2000 quetzales al mes, unos 270 dólares. Solo en transporte gasta 600 quetzales. Es imposible no hacer las cuentas y ver lo injusto que es. Sin embargo, ella sigue con una fuerza increíble.
Trabajar en Hecho con las Manos le permite soñar. Sueña con un día tener su propia casa, tal vez no lujosa, solo hecha de láminas, pero suya. Ese sueño la impulsa cada día, a pesar de las adversidades. Porque aunque la vida le ha quitado mucho, aún tiene la esperanza de construir un futuro mejor, ladrillo a ladrillo, con sus propias manos.